“Este es el tiempo no solo de proteger el derecho al trabajo de las mujeres casadas y las conquistas femeninas en el área laboral, sino de proteger el derecho de estas a casarse y a tener criaturas” (Myrdal, 1968)

Breves pinceladas…

Las políticas de conciliación con corresponsabilidad social consisten en el conjunto de medidas o acciones diseñadas macroestructuralmente desde el Estado, que se acogen e implementan en la vida empresarial para otorgar permisos, suspensiones, reducciones horarias, flexibilización del tiempo, del espacio[1]. Se crean con el fin de ofrecer servicios de apoyo favorables para que las personas trabajadoras puedan cumplir de forma óptima con sus responsabilidades y aspiraciones personales, laborales y familiares.

La Habana, octubre (Especial de SEMlac).- El trabajo que se produce en los hogares sigue subvalorado social y económicamente, no se le llama trabajo, pocas veces se paga, abarca muchas facetas imprescindibles de la vida y sigue recayendo, sobre todo, en las mujeres.

"Si yo tuviera que pagarle a una persona por lavar y planchar, a otra por limpiar y a una tercera por hacer la comida, los dos salarios que entran a esta casa no alcanzarían para pagarles lo que ahora yo hago, sin cobrar un centavo", asegura Carmen Suárez, residente en la capital cubana.
Suárez está consciente de que contratar esos servicios es un lujo que su familia no puede darse, aunque ella y su esposo trabajan como profesionales. "Pero igual hay que alimentarse, vestirse y tener salud para vivir", señala.

Palabras introductorias

La participación equilibrada de mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo constituye una de las aspiraciones más importantes del movimiento feminista desde hace siglos, pues se considera que la transformación de la división sexual del trabajo resulta una piedra angular para el establecimiento de la equidad deseada.