Viernes, 23 Mayo 2014 14:42

Derechos en la cuerda floja

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Figura esbelta, juventud, tez clara, rostro agradable, ser soltera y sin hijos pueden ser atributos favorables para que una mujer consiga trabajo en un restaurante o cafetería privados en Cuba, una tendencia que, a juicio de especialistas, promueve la segregación y el acoso.
“Las caras bonitas atraen al público y garantizan la buena presencia del negocio”, opina sin rubores Reinier Cruz, dueño de una pizzería en el Municipio Centro Habana. Su establecimiento funciona todo el día con cuatro muchachas menores de 30 años en el mostrador, que se alternan en turnos de medio día cada 24 horas.
Partir del aspecto para otorgar un trabajo reproduce el supuesto de la mujer objeto, arraigado en la cultura machista, y deja fuera a quienes no cumplan con el estándar, opina la economista Teresa Lara.

A esas vulnerabilidades, la experta añade jornadas laborales de hasta 12 horas, con pocas garantías para tiempo de alimentación, días de descanso o bajas por enfermedad. Las mujeres con personas dependientes como hijos, hijas y adultos mayores y las embarazadas quedan en desventaja.
Los horarios demasiado exigentes motivaron a Karen Riquenes a abandonar su empleo en una cafetería ubicada en Nuevo Vedado. Alternaba de lunes a sábado tres veces por semana con otra joven de 26 años, de ocho de la mañana a ocho de la noche, y hasta las 12 los fines de semana.
El salario de 60 CUC (53 dólares) mensuales, más la propina, alcanzaba para mantener los gastos del hogar que comparte con su hermana mayor, luego de que sus padres emigraran hace un año. Pero la tesis para licenciarse como arquitecta exige tiempo y en la cafetería no permitían ni una falta.
“Si tenía algún problema, debía coordinar con la otra muchacha o pagar a una persona de confianza para el local, para que me cubriera”, relata a SEMlac. Lo mismo sucedió a su compañera, socióloga de profesión y madre de un niño de cuatro años, que terminó abandonando el empleo.

Mujeres y jóvenes, los más vulnerables

El 32 por ciento de las 444.109 personas que al cierre de 2013 ejercían el trabajo por cuenta propia son jóvenes y el 26 por ciento mujeres. Estos grupos, aunque minoritarios, requieren mayor atención en temas de derechos laborales, refieren especialistas entrevistadas por SEMlac.
En declaraciones concedidas en 2012, la investigadora Dayma Echevarría advertía que en la Ciudad de La Habana muchos hombres jóvenes trabajan en servicios de venta, pero si estos comprenden el trato con el público, son muchachas, frecuentemente, las elegidas.
“Algunas lo hacen sin contrato, por lo que para mí las mujeres jóvenes son el grupo más vulnerable dentro del trabajo por cuenta propia”, sostiene la economista.
En ellas percibe Lara un énfasis en la subsistencia económica cotidiana, pues este tipo de oficio garantiza ingresos de tres a siete veces mejores, cuantitativamente, que un empleo estatal, cuyo salario medio se encuentra en los 19 dólares mensuales, al cambio local.
Pero la visión de hoy constituye un riesgo cuando muchas no encuentran ventajas en formalizar un contrato legal o incorporarse a la seguridad social, más allá de acumular años para la jubilación.
“No se dan cuenta de que ese régimen comprende también las enfermedades, los accidentes de trabajo y la licencia de maternidad, y por esto tampoco les exigen a sus empleadores”, explica Lara a SEMlac.
“El dueño o dueña del establecimiento puede preocuparse, pero no necesariamente ocuparse. Si la trabajadora no reconoce su seguridad social como algo importante, está desprotegida”, agrega.
Las garantías estatales para obtener círculos infantiles, licencia de maternidad, licencia sin sueldo, certificados médicos, superación profesional, entre otras, figuran entre las razones por las que las mujeres se han mantenido tradicionalmente en ese tipo de empleo. Dentro del cuentapropismo, aún no están totalmente aseguradas.

Riesgos para la superación

Un sondeo de opinión realizado por SEMlac en 2013 apreció, entre 80 cuentapropistas entrevistadas en varios municipios habaneros, una incorporación creciente de mujeres entre 20 y 40 años, que alcanzaron el 55 por ciento del total de consultadas.
La mayoría se encuentra en labores que no demandan altos niveles educacionales, debido a que pocas de las 201 categorías de empleo por cuenta propia permitidas requieren experticia profesional.
Ello coincide con otra investigación, realizada por especialistas de la Universidad de La Habana en el municipio capitalino de Centro Habana, con 60 mujeres entre titulares y contratadas.
De estas últimas, 11 tenían noveno grado o menos, porque interrumpieron su ciclo educativo con el objetivo de ganar dinero, pero no encontraron tiempo para la superación.
Lara piensa que se trata de una descapitalización de la fuerza laboral, puesto que existe un corrimiento de profesionales preparadas a sectores de la economía no estatal e informal, donde las mujeres no encuentran espacio para aplicar sus conocimientos. Las cubanas representan el 64 por ciento de graduadas universitarias del país.
“Los cambios generados a partir de 2010 están reforzando y creando espacios tipificados en los empleos y profesiones donde se profundiza la brecha de género: una inserción femenina en empleos más precarios y en sectores de baja productividad”, sostiene Echevarría en su artículo “Política de empleo y trabajo remunerado femenino en Cuba, en dos momentos de reajuste económico: entre oportunidades y riesgos”, publicado en 2013.
Otro punto desfavorable para la mitad femenina está en los impuestos, que aplican iguales tasas a quienes tienen personas dependientes que al joven sin familia a su cargo.

 

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