Martes, 22 Abril 2014 15:32

La gerencia de la vida cotidiana y la satisfacción de las mujeres directivas

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Hoy día es frecuente que se presenten manuales y guías de dirección: gestión estratégica, gestión de calidad, gestión por valores, cómo ser un buen empresario o libros de autoayuda para tener éxito en el mercado. Sin embargo, no se escribe sobre gerencia de la vida cotidiana, que no es más que la relacionada con los procesos y relaciones para administrar la vida doméstica.

La educación, la provisión de salud, la alimentación de la familia, el cuidado de los niños, ancianos y enfermos, el manejo de los recursos --entre ellos los económicos-- para garantizar el sostén son, entre otros, algunos de estos procesos que se corresponden en su mayoría con el rol reproductivo de género y el papel que es desempeñado, fundamentalmente, por las mujeres en el espacio privado.

Por su parte, la actividad en el espacio público o el del trabajo, por el que se devenga salario o especie, es asignado, preferentemente, al sexo masculino, aún y cuando, en la vida moderna, es también desempeñada por las mujeres como parte del desarrollo alcanzado, en la medida que han elevado su nivel de educación, de información y de conocimiento para ocupar puestos de decisión. Sin embargo, la gerencia doméstica la siguen cargando las mujeres como un pesado fardo que la historia les asignó y que fue asumida por ellas como una carga de la cual resulta difícil desprenderse. A lo anterior se suma la capacidad de lo que se ha denominado la multiplicidad de roles.

Este comportamiento varía por sexos, si analizamos que, durante la mañana de un sábado, en la vida de una pareja, la mujer se levanta, pone la lavadora, comienza a barrer, va adelantando el almuerzo y coloca el desayuno para el resto del núcleo familiar. Todo lo hace al mismo tiempo y se siente orgullosa de sus capacidades. Pero si ese mismo sábado tuviese una reunión en el trabajo y le pidiera a su pareja que haga estas actividades en lo que ella regresa, el hombre diría: –“lo haré todo, pero primero preparo el desayuno, cuando termine lavo, después cocino los frijoles”.

La diferencia es muy fácil de identificar y está en que, tradicionalmente, las mujeres ejecutan las diferentes acciones juntas, mientras que el hombre las hace una a una. La multiplicidad de roles genera un estrés sostenido y, aunque las tareas secuenciales demoran más, generan menos estrés. ¿Será que hay que aprender a vivir como los hombres?, ¿dónde está el problema? Carga vs. satisfacción personal.

La expectativa de la mujer es que, además de cumplir con su trabajo, todo esté ordenado y terminado en el hogar. En el caso de las directivas, entre sus expectativas y obligaciones se incluye ser ejemplo del grupo o del equipo con el cual trabaja y, al tener que dejar las tareas en manos de otras personas, mantiene una tensión directamente proporcional a la imposibilidad de mantener el don de estar en dos lados al mismo tiempo.

A pesar de cumplir, de dar el frente o de completar las tareas, muchas mujeres se sienten insatisfechas, como si todo lo hicieran a la mitad, sin satisfacer sus propias expectativas, incluso cuando son reconocidas por otros, aunque ni siquiera se obtenga este reconocimiento explícitamente. Esto trae como consecuencia que se produzca insatisfacción personal en el hogar, en la gerencia de la vida cotidiana.

En un estudio realizado por García Borrego (2013)[1], para el cual fueron entrevistadas 41 mujeres directivas en edades comprendidas entre 45 y 59 años, el 67 por ciento declaró tener insatisfacción laboral y la totalidad insatisfacción personal, a lo que se suma que el 59 por ciento expuso que su dinámica familiar era regular o mala, calificativos que también compartió el 30 por ciento con respecto a su dinámica de pareja.

Estos resultados marcan un desafío. Gerenciar la vida cotidiana requiere de mantener un equilibrio entre los espacios de adentro (hogar) y de afuera (trabajo). Para ello se requiere facilitar la comunicación con todos los miembros de la familia, hacer conciencia de la necesidad de distribuir los roles entre todos y de no creernos las dueñas del hogar o que los otros no pueden participar. Lo importante consiste en distribuir las tareas como parte de la transmisión de la cultura de la vida cotidiana para que los hijos y las hijas tengan un aprendizaje de la equidad en el espacio doméstico; además de hacer cumplir el ejercicio de los derechos en el ámbito laboral. Tomar conciencia de los equilibrios para nosotras y con los otros podrá favorecer la satisfacción personal y garantizar el bienestar necesario para responder con calidad a la gerencia de la vida cotidiana.


[1] García Borrrego T. “Síndrome climatérico y relaciones de género en mujeres directivas”. Tesis para optar por el título de Máster en Investigaciones en Climaterio y Menopausia, Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, Octubre, 2013

 

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