Lunes, 07 Abril 2014 16:22

Ingreso de las mujeres vs precios: ¿alguna política activa?

Por  Ileana Díaz

Si se debiera evaluar el impacto de algunas políticas en grupos vulnerables --y en este caso en las mujeres--, sería en las macroeconómicas, ya que establecen la guía o enfoque del resto de las políticas y, en general, de la dirección de la economía; sin embargo, no existe mención alguna en los Lineamientos sobre la necesidad de evaluarlas.

Un tema de particular interés son los precios. Si bien estos son un instrumento de regulación y equilibrio micro económico, lo cierto es que en Cuba su formación es prácticamente centralizada, debido a las normativas que se deben cumplir y los niveles de aprobación que requieren. Podría parecer que es muy efectivo mantener el carácter centralizado en la formación de precios; sin embargo, estos no se revisan con frecuencia, ni se alinean a los precios internacionales; como norma tienen una función recaudatoria o de subsidio, de espaldas al mercado. Ello adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que se va a la eliminación de los subsidios y gratuidades.

¿Qué pasa con las mujeres? Ya Echevarría y Lara[1] alertan que las mujeres están ocupadas en los sectores de menor salario medio. Además, según Espina, “las mujeres del sector estatal perciben salarios que representan entre 80 por ciento y 85 por ciento de los salarios de los hombres”[2]. En un estudio realizado en 2007 por el Instituto de Investigaciones del Trabajo, en organismos seleccionados, se observó que en todos los casos, excepto el Ministerio de Educación, los ingresos de los hombres eran superiores a los de las mujeres.

Si bien este estudio es de 2007, refleja una realidad que no debe haberse modificado sustancialmente en los últimos años. Mucho más si se tiene en cuenta que las causas fundamentales de que la mujer reciba menos ingresos se encuentra en la pérdida de horas de trabajo por el cuidado de los hijos o padres (en general de la familia), el embarazo, las enfermedades y otras. Se trata, en primer lugar, de situaciones determinadas por el acervo cultural de estereotipos y tradicionales roles de género que se mantienen hasta nuestros días.

Todo lo antes expuesto incide en que las mujeres posean menos recursos para hacer frente a unos precios que el Estado establece de forma burocrática y modifica según consideraciones generales, entre las que prevalece la preferencia por la liquidez. Además, se conoce que “importantes áreas de necesidades básicas (al menos el 50 % de los requerimientos alimentarios, el vestuario, productos de aseo, materiales para reparación y equipamiento de la vivienda) solo encuentran una parte de sus satisfactores en el mercado de precios libres, de CUC o en el negro”[3] y esto se incrementará aún más con la experiencia de las cooperativas y el traspaso a cuenta propia de actividades anteriormente estatales (barberías, peluquerías, etc.). Estos negocios establecen sus precios en pesos o en CUC, en función de los precios del Estado en CUC.

Al analizar el índice de precios al consumidor, que solo se calcula para los mercados en pesos cubanos, se reporta 1,6; 1,4 y 2,1 para los años 2010, 2011 y 2012, respectivamente, lo que muestra un incremento sostenido desde hace tres años. Solo a modo de ejemplo, en 2011 “se registró un incremento total del precio promedio de los productos agrícolas y cárnicos en 19,8 por ciento. En los productos agrícolas se manifiesta un incremento del precio promedio de 24,1 por ciento y en los cárnicos de un 8,7 por ciento.”[4]

Por otra parte, en un trabajo realizado sobre trabajadores por cuenta propia[5], estos consideraron que sus precios son “medios”, debido a que los comparan con los del Estado. Por ejemplo, un taxi en 10 pesos es mucho más barato que un taxi en CUC, pero su precio es alto para una población con ingresos en pesos y un salario medio de 438 pesos. Esto es válido para hombres y mujeres, solo que ellas parten de una situación de desventaja.

Solo quienes reciben remesas, viajan al exterior o realizan alguna actividad por cuenta propia en CUC, se encuentran en mejores condiciones para enfrentar los precios en medio de toda la problemática de la doble moneda.

Mientras la tasa de cambio se mantenga sobrevaluada, las empresas estatales no estarán incentivadas para las exportaciones, a lo cual también tributa la ausencia casi total de autonomía empresarial, por lo que muy difícilmente podrán ser competitivas. Por tanto, no se prevé que los niveles de producción aumenten en el corto plazo (véase el crecimiento del PIB previsto, de 2,7% para 2014). Si, además, se va a la eliminación de los subsidios de los productos y el sector no estatal incrementa la demanda en el comercio minorista, ante la ausencia del mayorista, la tendencia conduce al incremento de los precios[6].

Por otra parte, habría que preguntarse: ¿de dónde obtener los recursos que permitan crear las condiciones para la prestación de los servicios sociales? Quizás sería el momento de pensar en la inversión extranjera para estos fines o en la cooperación internacional, cuya posible participación ni se menciona en estos aspectos en particular, ni en la promoción de la equidad de género en general.

Los roles asignados por los estereotipos de género ubican a las mujeres en una situación de desventaja respecto al nivel de ingresos y mayores dificultades para acceder como dueñas a nuevos negocios, al mismo tiempo que se observa en el país un incremento de los precios, cuya solución no parece inmediata. Parecerían necesarias políticas activas a favor de las mujeres que así lo requieran.


[1] Echevarría, D y T. Lara: “Las mujeres reservas potenciales e invisibles de productividad”, CD del Seminario CEEC, 2012.

[2] Espina, M: Análisis de Situación sobre Mujer e Igualdad de Género ante el proceso de transformaciones y ajustes al modelo económico del país. PNUD. P4, 2002.

[3] Espina, M: ob. cit., p. 5.

[4] Nova, A.: “Un nuevo escenario, un nuevo modelo agrícola y de gestión económica cubano”, Seminario CEEC p. 14, 2012.

[5] Díaz, I, H. Pastori y C. Piñeiro: “El trabajo por cuenta propia: actualidad y perspectivas”, Boletín Abril CEEC, 2012.

[6] Se registró en el primer semestre de 2011 un aumento del precio promedio de los productos agrícolas en 9,8 por ciento  y de los cárnicos de 15,2 por ciento respecto a igual etapa de 2010. Ver Nova, 2012: p 67.

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