Miércoles, 02 Octubre 2013 18:29

Sobre la importancia de la conciliación con corresponsabilidad social: aspectos conceptuales

Por  Magela Romero Almodovar

Palabras introductorias

La participación equilibrada de mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo constituye una de las aspiraciones más importantes del movimiento feminista desde hace siglos, pues se considera que la transformación de la división sexual del trabajo resulta una piedra angular para el establecimiento de la equidad deseada.

La inclusión de este aspecto en las agendas para la igualdad se considera crucial, así como el compromiso de los Estados para promover y apoyar transformaciones en este sentido. Desde 1979, con la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación en contra de las mujeres (CEDAW), se estipuló la importancia de “preservar el derecho al trabajo como derecho humano inalienable, brindar las mismas oportunidades de empleo a toda persona sin distinción de su sexo, incluyendo el derecho a la formación y capacitación, la igualdad en los criterios de selección y todos los derechos laborales correspondientes al trabajo docente” (artículo 11). En la misma, también se señala que se debe estimular la provisión de servicios sociales para permitir que ambos padres combinen sus obligaciones familiares con las responsabilidades de trabajo y la participación en la vida pública (OIT - PNUD, 2009:31). Dicha Convención ha sido, por décadas, punto de partida de otros convenios y compromisos internacionales, entre los que destacan la Plataforma de Acción de Beijing y la Declaración de los Objetivos del Milenio. La Plataforma incluye, en su objetivo estratégico F.6, “fomentar la armonización de las responsabilidades de las mujeres y los hombres en lo que respecta al trabajo y la familia” y, para su alcance, propone un número importante de acciones que deberán ser seguidas por los Estados. En el caso de la Declaración proyectó en su párrafo 20 el compromiso de los Estados ante las Naciones Unidas de “promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer como medios eficaces de combatir la pobreza, el hambre y las enfermedades y de estimular un desarrollo sostenible” para el año 2015.

Para el alcance de estas metas se presumen necesarias la reestructuración y reorganización de los sistemas laboral y educativo, así como la reasignación de los recursos sociales. De otra manera no se podrían introducir la igualdad de derechos y oportunidades en relación al trabajo remunerado y variar los roles y estereotipos de género tradicionales, para que hombres y mujeres puedan cubrir, de forma equitativa, sus necesidades privadas y doméstico – familiares al tiempo que participan en el mercado de trabajo. Para aludir a este estado de equidad anhelado ha sido comúnmente utilizado el concepto de conciliación, mas ¿cuáles son los aciertos y desaciertos de ese uso?

¿Qué es la conciliación?

La conciliación consiste en el conjunto de acciones sociales, institucionales y empresariales cuyo objetivo es el desarrollo de una sociedad más igualitaria y justa. Es un modo de organizar el entorno laboral que facilita a hombres y mujeres la realización del trabajo remunerado y de sus responsabilidades personales y familiares. Su implementación no supone trabajar menos, sino hacerlo de forma distinta (Aragón, 2012).

En ese sentido, para llevarla a cabo son necesarias reformas laborales que impacten positivamente en la organización de los tiempos, tanto del destinado al trabajo remunerado como el dedicado a la vida familiar y personal de los trabajadores en plantilla. Este cambio contribuiría a maximizar la participación socio – productiva de todos y todas, sobre la base de la construcción de un ambiente laboral y familiar armonioso y desestresante.

Es importante señalar que la aparición y desarrollo de este concepto ha permitido:

a.Poner al descubierto las dificultades que existen para el establecimiento de una armonía entre dos esferas de la realidad, distintas e incompatibles en su esencia, por el modo en que se organizan y los valores y sentimientos que en cada una priman.

b.Hacer visible el debate respecto a la complejidad y difícil nexo trabajo – tiempo femenino bajo los preceptos de la cultura patriarcal.

c.Incrementar el número de investigaciones, que desde la perspectiva de género; ahondan en las desigualdades e inequidades que aún perduran entre mujeres y hombres debido a la permanente división sexual del trabajo.

d.Insertar las propuestas que se derivan de dichos análisis en las agendas globales por la igualdad de género, contribuyendo así al mayor compromiso de los Estados ante esta problemática social y a la transformación de la vida cotidiana y las proyecciones familiares - laborales tanto de las mujeres como de los hombres en algunos contextos.

Las estrategias conciliatorias desarrolladas por los Estados, las instituciones, empresas, organizaciones no gubernamentales y sindicatos, hasta la fecha, han sido diversas; sin embargo, generalmente resulta muy conflictivo alcanzar el equilibrio aspirado, pues casi siempre las propuestas y las acciones promovidas derivan en “malos arreglos” (Torns, 2005).

¿Por qué es tan difícil conciliar?

- El proceso es pensado, casi siempre, desde una lógica patriarcal, donde el mundo público, el trabajo remunerado y la producción, resultan lo más importante. Cabe señalar que si bien algunos especialistas consideran que las políticas de conciliación son políticas familiares de tercera generación (Brullet, 2000 y Escobedo, 2000 en Torns, 2005: 20), lo cierto es que son políticas que nacen esencialmente para promover el empleo femenino, no la transformación de las dinámicas familiares.

- En ocasiones, impresiona que las estrategias para la conciliación no están en correspondencia con las importantes mutaciones que han tenido lugar en el mercado de trabajo a nivel internacional, a partir del impacto directo de las políticas neoliberales en las condiciones del empleo. Estamos en presencia de un mercado laboral cada vez más desregularizado y precario, donde abundan los trabajos y trabajadores/as ilegales, temporales. Ante estas circunstancias, muchas de las medidas para la conciliación quedan sin efecto, en tanto han sido pensadas sólo para quienes están empleados y pueden demostrar su condición de “trabajadores/as” a través de la existencia de un contrato legal.

- Las medidas pocas veces se hacen acompañar de procesos adecuados de difusión y sensibilización desde una perspectiva de género, y este hecho repercute en el poco impacto que tienen en la reorganización de roles productivos y reproductivos entre mujeres y hombres. Se debe tener en cuenta que, ante la intención de transformar prácticas sociales construidas desde y para la (re)producción cultura patriarcal, es necesario un acompañamiento destinado al cambio de las percepciones estereotipadas de hombres y mujeres en relación a sus responsabilidades domésticas - familiares. De otro modo, las acciones seguirán siendo pensadas y asumidas generalmente para y por las mujeres.

- La generalidad de los mecanismos que se establecen no tienen en cuenta el enfoque de familia o de género, pues casi siempre implican permisos y concesiones sólo para las mujeres; lo cual si bien ha sido muy provechoso para ellas, en tanto les alivia de la sobrecarga de funciones devienen, en algunos casos, medidas forzosas y poco negociables con los hombres que les rodean. En este sentido, algunas autoras alertan que la conciliación esconde la división sexual del trabajo y que constituye una solución machista para el mantenimiento del orden establecido, desde la más estricta corrección política (Torns, 2005:18).

- En ocasiones se elude el necesario compromiso colectivo que debe existir respecto a esta meta, al difundirse una errada concepción de este proceso como un problema que deben resolver las personas y familias por su cuenta, como si este problema solo les afectara a ellas.

- Por último, existe una insuficiente difusión de las buenas prácticas que en relación a la conciliación existen. Se habla más de las dificultades para alcanzarla que de las buenas prácticas extensibles a otros contextos.

Se debe aclarar que la conciliación requiere de la conciencia y el compromiso social y político de nuestras sociedades en su conjunto y de las alianzas que puedan establecer hacia el interior de las mismas. Por eso autoras como Juliana Martínez Franzoni aluden a la necesidad de promover una conciliación con corresponsabilidad social (Martínez, 2010), sólo así podremos avanzar hacia la sociedad que soñamos.

Bibliografía consultada

 - Aragón, Patricia (2012). Conciliar la vida laboral y familiar. Búsqueda en www.gizartelan.com el 21 de diciembre del 2012

- Martínez, Juliana (2010). Conciliación con corresponsabilidad social en América Latina ¿cómo avanzar?. Centro Regional de América Latina y el Caribe del PNUD.

-OIT – PNUD (2009). Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social. OIT – PNUD.

- Torns, Teresa (2005). De la imposible conciliación a los permanente malos arreglos. En: Cuaderno de Relaciones Laborales 23, no 1, pp 15 – 33.

Visto 1006 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.