Viernes, 25 Marzo 2016 13:42

¿Avanzar sin la mitad?

Por  Susana Gomes Bugallo

Las mujeres somos el 50 por ciento de la humanidad. Así, sin entrar en cálculos ni exactitudes, o volver a caer en fórmulas gastadas, vale plantear la importancia de un mundo en el que todas y todos hagan con la misma fuerza y emprendimiento, sin depender de permisos ni esperas.
Quizá sea ese el modo más rápido y efectivo de entrar en las conciencias: el pragmatismo, la lógica, las razones. Hacer entender que las mujeres comprendemos a la mitad de la humanidad y que sin la fuerza nuestra ningún desarrollo es posible podría ser la manera más directa y factible de reducir cada vez más la discriminación de género. Al menos eso defiende la Organización de Naciones Unidas en su plan para los próximos 15 años: transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, documento aprobado el 25 de septiembre pasado por 193 países.
Sobre estas lógicas versó el taller impartido a periodistas a propósito de la preparación de cobertura para las actividades por el ocho de marzo. Y para cualquier ocasión sirven también estas razones, porque nunca está de más la capacitación sobre género en un ámbito que a tantas personas llega (a veces como única vía de conocimiento sobre el tema) y donde a la vez se siguen cometiendo tantos errores de concepto y contenido.

La sede fue el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y las conferencias estuvieron a cargo de especialistas de varios ámbitos de nuestro país. Más allá de debates y argumentos, la esencia estuvo en mostrar otras aristas de análisis desde el periodismo para un tema generalmente banalizado, mal tratado y abordado desde los clichés y estereotipos de siempre.
Porque por ese camino apuesta la ONU y porque esas razones las han apoyado la mayoría de los gobiernos del planeta, vale lanzar una mirada a esas lógicas de pensamiento, a fin de poder llegar a los sectores menos sensibles con los asuntos de género.
Para tener una idea de la preponderancia que ha alcanzado ya esta verdad absoluta como estilo de análisis, vale percatarse de que 12 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible presentan metas específicas relacionadas con asuntos de género. Y los que no lo muestran de ese modo incluyen a mujeres y niñas en la solución de los conflictos.
Como si no fuesen suficientes estas pistas para percatarnos de la importancia que implica el análisis realizado en la Agenda 2030, sus mismas líneas definen, como crucial, la incorporación sistemática de una perspectiva de género en la implementación de sus objetivos. " No es posible realizar todo el potencial humano y alcanzar el desarrollo sostenible si se sigue negando a la mitad de la humanidad el pleno disfrute de sus derechos humanos y sus oportunidades", estampa el documento como verdad irrefutable.
Una verdad que debe ser tenida en cuenta ante cada producto comunicativo que se presente al público, abarrotado ya de las fórmulas convencionales que pretenden abordar las cuestiones de género por el trillado camino de presentar a mujeres que desafían el que se ha considerado siempre su lugar tradicional por desempeñar otro rol escogido. Ese tipo de materiales ya no deberían estar en pantalla o sobre un papel, si de periodismo consciente y de esta época hablamos.
No debe presentarse como heroicidad el manejar un camión o autobús o dedicarse a las labores de la agricultura. Ser cosmonauta, estilista, aviadora o maestra es tan común para mujeres como para hombres.
Contar historias femeninas en estos ámbitos tradicionalmente machistas, cual si se tratara de un milagro de la naturaleza, es un pecado que no debe cometerse hoy. Más aún si se acaba en el consabido estribillo de que "a pesar de ser mujer" (¿por qué a pesar?, siempre me pregunto), o se acude al cerrado plano de uñas arregladas y cabello bien peinado. Ese no es periodismo para estos tiempos llenos de evidencias que bien valen más que eso.
El secreto es cruzar la frontera entre lo que era común y lo que sabemos que debe ser normal ahora. Mostrar cada realidad tal cual se presenta, sin destacar aquellos sitios donde todo anda a pedir de boca, pero sin callar ante los espacios en los que se sigue vulnerando el desempeño femenino y hasta la integridad física de mujeres y niñas.
Y, por favor, sin victimismos endebles ni sobreprotecciones machistas, que de esas ya hay bastantes. Cada análisis sobre estos temas debe estar guiado por los argumentos más convincentes y lógicos (porque son la mayoría). O mejor aún: por esa verdad incuestionable de que el derecho a la igualdad debe ser tan obvio como el derecho a la vida. No es un favor que se le hace a mujeres y niñas el de
incluirlas y defenderlas; es la propia esencia de la vida que convivan con todos sus derechos. Que en algunos sitios ande desviada y haya que dedicarle desvelos no quiere decir que se siga viendo como una conquista de última generación o como la moda obsesiva que defienden las feministas.
En esa cuerda filosófica se mueve la Agenda 2030 de la ONU. Y si Cuba es pionera en muchos de estos desvelos, ¿para qué andarnos con medias tintas o alabando falsas verdades? Debe ser más coherente e inteligente el discurso de los medios de comunicación en este país.
Si el objetivo cinco de ese documento dirigido a cambiar el mundo anda luchando por acabar con cualquier tipo de discriminación y se preocupa por el tema con inquietudes del siglo XXI, ya es cosa del pasado lo de celebrar victorias pírricas o soplar velas en un cake añejo.
Al estilo de la campaña presentada por la ONU en la reunión celebrada 20 años después de la Declaración y Plataforma de Acción de la Conferencia Internacional de Beijing (conocida como Beijing+20), la idea es llegar a un mundo 50/50 para 2030. Empoderando a las Mujeres. Empoderando a la humanidad. ¡Imagínalo!, es el lema que guía este empeño.
Las mujeres somos la mitad del mundo. Y sin nuestra fuerza, intelecto y sacrificio tampoco se puede andar bien. Es hora ya de entenderlo y asumirlo. La igualdad de género no es un favor ni un gesto de buena voluntad, sino una necesidad. ¡Imagínalo! ¡Hazlo realidad!

 

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