Lunes, 11 Agosto 2014 15:28

Las mujeres y sus posibilidades de empleo

Por  Ileana Díaz

La política de empleo en Cuba se había enfocado en el pleno empleo y su gestión la organizaba el Estado, en lo fundamental en entidades estatales. Hoy asistimos a un proceso de reestructuración del empleo estatal como una de las principales medidas para alcanzar la eficiencia productiva, lo que ha provocado que la política, en esta esfera, sea sobre la base de la gestión individual de empleo, con excepción de grupos vulnerables (Resolución 35/2004), en los cuales no se encuentran las mujeres.
Por tanto, el Estado deja de tener protagonismo en dos aspectos: primero, en la gestión misma del empleo y, segundo, en la creación de fuentes de empleo, al otorgárseles importancia a las formas no estatales: cooperativas y trabajo por cuenta propia.
En la actualización del modelo económico ha quedado clara la necesidad de que el excedente de fuerza de trabajo que existe en el Estado pase a otras formas de propiedad; pero tal exigencia requiere pensar en el futuro para preservar lo mejor de nuestra fuerza de trabajo en el sector estatal, ya que la población en edad laboral está disminuyendo.

Según las proyecciones del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), para 2020 la tasa de crecimiento de la población económicamente activa (PEA) para hombres sería de 0,21 por ciento, en tanto que para mujeres es de 1,06 por ciento[1]; un poco mayor, pero nada significativo.
Al analizar algunas consideraciones generales del empleo de las mujeres, se observa:

  • Aumento de las mujeres en edad laboral, al tiempo que desde 2009 un porcentaje sostenido de ellas se encuentra inactiva -no están ocupadas, ni buscan trabajo, ni estudian-, por lo que, probablemente, sean más vulnerables, ya que no cuentan con ingresos estables o dependen de los ingresos generados por otros (hijos, esposos, etc.)
  • Las mujeres inactivas pudieran estar en trabajos de la economía sumergida, sin ninguna protección.
  • Las mujeres se encuentran emigrando de las organizaciones estatales en las categorías de servicios y dirigentes, y en los grupos de 55 y más y 30-39 años, por lo que salen del empleo estatal personas calificadas y con experiencia laboral. (Echevarría, 2013)
  • Las mujeres solo representan 29,7 por ciento de los trabajadores por cuenta propia.

¿Qué pasa con las mujeres en el sector no estatal?
La reestructuración parte de la idoneidad, proceso con cierto grado de discrecionalidad en el cual las mujeres poseen menores oportunidades de ser escogidas, por toda la carga de estereotipos culturales y responsabilidades del asignado en la sociedad.
Al mismo tiempo, la persona que no pierda su trabajo en el proceso de reestructuración enfrenta las exigencias extra laborales, las responsabilidades sin una remuneración mejor, el cuidado de la familia cada vez con menos apoyo gubernamental. Todo ello afecta en mayor medida a las mujeres y puede llevarlas a decidirse por un empleo no estatal o ilegal, que posiblemente realicen en su propia casa.
El número de personas desvinculadas laboralmente crece en los últimos tres años y de ellas las mujeres representan alrededor del 40 por ciento, de las cuales más del 50 por ciento se reubica en el sector estatal. Entre seis y nueve por ciento[2] del total de las desvinculadas quedan sin ser ubicadas.
¿Por qué reubicarse en el sector estatal?
Como norma, se sienten más protegidas y quizás podrían trabajar para lo que estudiaron o en lo que tienen experiencia. No obstante, queda una proporción sin ubicación, ni siquiera en el sector no estatal.
¿Qué pasa en el sector no estatal?
En el sector privado, de 2010 a 2013, las mujeres contratadas aumentaron de 20 a 28 por ciento del total de trabajadoras por cuenta propia y representan alrededor del 45 por ciento[3] del total de los contratados. Casi la tercera parte de las mujeres cuentapropistas son empleadas de alguien y aproximadamente ocho por ciento[4], en el último año, son dueñas. Al mismo tiempo, en los dos últimos años solo el dos por ciento de las mujeres se emplea en alguna actividad de carácter profesional o técnica (no oficio), pese a que más del 50 por ciento de la fuerza técnica del país es femenina.
No se posee información de cuántas mujeres están empleadas en las cooperativas no agropecuarias, pero, por el tipo de actividad, la mayor concentración debe estar en las gastronómicas, aunque su proporción no debe ser muy alta, ya que los otros sectores priorizados para este tipo de trabajo no estatal son típicamente masculinos, como la construcción, el transporte, la pequeña industria, el reciclaje, los mercados agropecuarios y todas las actividades del trabajo por cuenta propia.
En conjunto, estos sectores no estatales de la economía no absorben aún una proporción elevada de trabajadores, especialmente de mujeres. Quizás las cooperativas no agropecuarias poseen más probabilidades de crecer en el futuro respecto al trabajo por cuenta propia (aunque el mecanismo de creación tan burocrático, hasta ahora, lo impide). Y como están surgiendo de las empresas estatales convertidas en cooperativas, la entrada de mujeres será directa.
En general no hay tampoco políticas activas que reduzcan las brechas de partida de las mujeres respecto a los varones e incentiven su participación en estas formas de propiedad, en mejores condiciones.
Si las mujeres son desvinculadas del sector estatal y no encuentran posibilidad en el no estatal, entonces quedan en sus casas y engrosan la fuerza de "inactivas" a la cual se hacía referencia anteriormente, con todo lo que eso significa de pérdida de la inversión en educación, su aporte a la sociedad y, sobre todo, en cuanto a inequidad.
Sin embargo, la necesidad de aprovechar la fuerza laboral de las mujeres por el sector estatal implica buscar todas las alternativas que favorezcan su empleo, apoyarlas y tomarlas en cuenta, así como dirigir la seguridad y asistencia social en función de ello. Ello es importante por el aporte que ellas pueden dar en las empresas y otros centros laborales, y para que no se amplíen las inequidades de género.
Si el sector estatal de la economía no trabaja en función de retener esa fuerza de trabajo, no solo se está perdiendo la calificación y la experiencia de la masa femenina, sino que esto puede conducir a una involución en la participación de la mujer.

[1] CEDEM Cuba: Población y desarrollo, 2009, p.:226
[2] Elaboración de la autora a partir de datos proporcionados por el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social.
[3] Idem.
[4] Esta cifra es conservadora, ya que se tomaron aquellas actividades en las cuales es m{as evidente que ellas son dueñas. No se incluyen aquellas típicas de autoempleo como carretillero, pues no implican el contrato a terceros.

 

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