Leticia Artiles Visbal

Leticia Artiles Visbal

Hoy día es frecuente que se presenten manuales y guías de dirección: gestión estratégica, gestión de calidad, gestión por valores, cómo ser un buen empresario o libros de autoayuda para tener éxito en el mercado. Sin embargo, no se escribe sobre gerencia de la vida cotidiana, que no es más que la relacionada con los procesos y relaciones para administrar la vida doméstica.

La violencia contra las mujeres constituye una violación de los derechos humanos y un problema de salud pública mundial, lo que con frecuencia se minimiza, se invisibiliza o se niega por las personas y la sociedad.

Considerar la violencia como un problema de salud permite analizar el costo que tiene para la vida de las mujeres. La violencia contra la mujer es una expresión de las relaciones de poder que se dan entre los sexos, que responde a una cultura patriarcal, sustentada originariamente en la división sexual del trabajo y posiciona al hombre en el ejercicio del poder, a partir del control sobre los recursos económicos, de información y de tiempo. Es una violencia basada en las relaciones de género.

Es conocido que el trabajo constituye un factor benefactor, en la medida que contribuye a la independencia económica, a la autodeterminación y al empoderamiento de las mujeres.

Es conocido que el trabajo constituye un factor benefactor, en la medida que contribuye a la independencia económica, a la autodeterminación y al empoderamiento de las mujeres.

Un estudio realizado en un consultorio del médico de familia, del municipio Plaza, en la capital cubana, realizado por García Borrego (2013)[1], incluyó 41 mujeres, entre 45 y 49 años de edad, todas en la etapa del climaterio. De ellas, 15 ocupaban el puesto de directoras (36%) y 23 eran jefas de departamento (64%), 24 se encontraban en la perimenopausia y 17 en la postmenopausia.

Lunes, 24 Junio 2013 18:39

Leyes o principios para vivir mejor

La vida de las mujeres de edad mediana está rodeada de un grupo de compromisos por los múltiples roles que desempeñan, simultáneamente: madre, esposa, hija, nuera, suegra, abuela, y --aunque no queramos-- es “ella misma” en función de “los otros”.

Es frecuente que no nos otorguemos “nuestro tiempo” y vivamos en el “tiempo de los otros”. Cuando no somos capaces de darle respuesta a “los otros” nos autoculpamos, nos sentimos responsables del cuidado y atención de las demás personas y sobrepasamos las capacidades naturales para responder a las exigencias externas. Este desajuste de los ritmos biológicos naturales tiende a desviar nuestro organismo en sentido negativo y condiciona la base de aparición de diversos malestares que pueden derivar en enfermedad: ansiedad, irritabilidad, insomnio, depresión, disminución del deseo sexual.

Las mujeres desarrollamos múltiples roles. A pesar del desarrollo alcanzado en el nivel educacional y profesional, todavía la mayoría nos queda la responsabilidad del espacio privado, de las tareas del hogar, del cuidado de los otros, de la participación en las actividades comunitarias. Si a esto se añade alguna responsabilidad en el espacio laboral, en la dirección de las organizaciones, se incrementa la sobrecarga de los roles productivos y reproductivos. Todo esto representa un estrés sostenido que se manifiesta en diferentes problemas de salud: dolores de cabeza, ansiedad, depresión, dolores óseos y musculares. De esta manera tenemos que tomar algunas medidas que nos permitan  mejorar nuestra calidad de vida.

Las reuniones son una de las actividades que consumen un porcentaje importante del tiempo y, cuando no están convenientemente programadas, resultan tediosas y conflictivas.