Jueves, 24 Agosto 2017 02:20

Las luces de Gretel y Vintage Bazar

Creatividad y reciclaje parecen ser las palabras de orden en Vintage Bazar, un breve espacio abierto a la imaginación y al mercado de las luminarias en la capital cubana, en medio del reciente panorama de la iniciativa privada que crece en la isla caribeña. Su creadora es Gretel Serrano Abascal, una joven actriz que hace unos años permutó la escena teatral por la terraza de céntrico apartamento, donde hizo germinar su proyecto: una tienda de lámparas que se distingue por la exclusividad.
Allí las piezas son únicas: nacen de la transformación de cualquier objeto cotidiano, del encargo de algún cliente o de la imaginación del equipo creativo que da vida a las lámparas e intenta complacer cada pedido desde que Vintage Bazar abrió sus puertas, en febrero de 2015, en la céntrica avenida 23, entre 8 y 10, en el Vedado.
"Pensé en una tienda porque era algo que, dentro del marco legal, se podía hacer", cuenta Gretel mientras recuerda los inicios que la llevaron a buscar y reformar, con los recursos del patrimonio familiar, un local donde ubicar la venta.
El proyecto había surgido en comunión con un amigo que se dedica a hacer lámparas; pero él, finalmente, no pudo quedarse. Entonces muchas de las ideas de Gretel empezaron a crecer.
"Yo pensaba dedicarme a las relaciones públicas, me veía cotizando y vendiendo, no tanto como creadora. Pero siempre tuve un gran fanatismo por la luz y ahí empecé a crear mis propios diseños".
No niega que algunas veces dudó o la invadió el temor a fracasar. Era la primera vez que asumía un proyecto de este tipo, completamente nuevo para ella, lo que significaba también lanzarse a lo desconocido arriesgando las finanzas de la familia.

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Lunes, 19 Diciembre 2016 16:08

Margarita, rompiendo los moldes

Margarita es una mujer solitaria, pero siempre está rodeada de personas. Tiene una extensa familia, de esa que se adquiere por el cariño y a veces tiende lazos más fuertes que los de la sangre. Tiene también muchos conocidos, amigas y hasta seguidores.
Margarita es una mujer normal. No es actriz, figura pública, política, maestra... Es una mujer de pueblo, de 60 años de edad.
Sin embargo, su manera de enfrentar la vida, de verla y de vivirla, la convierten en un ser extraordinario. Y como todo lo "diferente" genera siempre criterios a favor y en contra, esta señora ha sido diana de alabanzas y víctima de estereotipos con la misma intensidad.
A Margarita nunca le interesó tener hijos. Ni siquiera es un tema que se reproche o saque de vez en cuando. Crió y educó a su ahijado como propio y canaliza ese "amor maternal" a través de él y de todos los chiquillos y chiquillas que se le pegan por el barrio. Ciertamente, es amorosa, particularmente con los infantes, que la llaman tía, abuela y le suman miembros a esa familia postiza que, una vez adquirida, nunca más se va.
Esa decisión de compartir la vida con muchos seres humanos, desde una postura individualista, reafirma la característica distinta de esta mujer. No es huraña, ni antisocial, todo lo contrario; aun así, paredes hacia dentro prefiere convivir consigo misma.

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Miércoles, 29 Junio 2016 02:12

Eneyda, una mujer exitosa en su propio negocio

Eneyda Díaz Díaz es la dueña del salón infantil Jardín del Edén, en el municipio Cárdenas, en la occidental provincia de Matanzas. Como muchas otras cubanas, esta licenciada en Filosofía e Historia apostó por un negocio particular “cuando apareció la necesidad económica”, asegura.
“Todos mis problemas económicos estaban resueltos hasta que llegó el divorcio y el fin de un matrimonio de 30 años. Él es gastronómico desde hace más de 40 años y teníamos una vida holgada. Cuando me vi sola, con un salario de 500 pesos (poco menos de 20 dólares estadounidenses), me pregunté: ¿cómo pago la corriente con 3 aires acondicionados? ¿Cómo explicarles a mis dos hijos que ya no será igual?”, recuerda Díaz.
Como maestra, su experiencia en el sector educativo le dejó siempre deseos de hacer más, pero nunca pensó que la aprobación de nuevas licencias para el trabajo por cuenta propia le abriría la puerta a uno de sus sueños: la educación y el cuidado de infantes.
“A raíz de la separación, estuve casi un año en cama con una crisis depresiva exógena muy fuerte. Pero gracias a Dios y a todas las cosas aprendidas, percibí que había llegado el momento de poner en práctica mis conocimientos para darles a mis hijos una vida digna. Apareció la idea de enseñar, pero de una manera diferente”, afirma Díaz a SEMlac.

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