Lunes, 30 Octubre 2017 02:21

¿Qué juguetes comprar hoy?

Por  Dayneris Mesa Padrón

Cuando las mujeres y los hombres en Cuba deciden (o les ocurre) la llegada de un descendiente, piensan inmediatamente en cuestiones materiales. Entre estas casi siempre sobresalen los elementos que componen la canastilla y que, además, tienen un significativo peso en la economía cubana: la cuna, los pañales, los culeros desechables…
Sin embargo, no es hasta la evolución de los infantes que madres y padres comienzan a ocuparse de un eslabón importante durante la infancia, tanto desde el punto de vista lúdico, como del desarrollo psicosocial y psicomotor de chicos y chicas: los juguetes.
Los juguetes en Cuba están entre los productos más subestimados y sobrevalorados a la vez. Aunque parezca o sea una contradicción en sí mismo, este hecho se sostiene en la falta de producción nacional, la marcada presencia de importaciones en las cadenas de tiendas recaudadoras de divisas los elevados precios en que estos son ofertados a la población.
Quienes tienen hijos o hijas poseen las historias más insólitas en cuanto a la búsqueda y adquisición de los juguetes. Estas van desde la variedad de precios de un mismo elemento de un establecimiento a otro, hasta los meses y meses en que estantes y vidrieras permanecen vacíos por el desabastecimiento.
No obstante, más allá de la permanencia física de estos y de su disponibilidad o acceso, está la pregnancia que tienen en la niñez.

¿Con qué jugar a ser grande?

A partir de los juguetes, las niñas y los niños descubren y experimentan los distintos roles; descubren las profesiones; identifican modelos de belleza; despiertan sentimientos…
En nuestro país existe un camino recorrido en cuanto a la importación de juguetes y, con ellos, de patrones culturales alejados completamente de la realidad social en la que luego se desenvuelven los infantes.
Las típicas muñecas rusas, los soldaditos, los juegos de policía, los celulares con personajes de los cuentos de Disney figuran como ejemplos de este complejo proceso de identidad al que se han sometido, durante décadas, los miembros más pequeños de las familias cubanas.
No es de extrañar entonces que mientras las niñas aspiran a tener largas y lacias melenas de princesas, los varones anden corriendo con capas y armas de súper héroes. Porque estos modelos no solo vienen mediante los juguetes, sino que aparecen incorporados en toda la variedad de accesorios concebidos para la niñez, desde los útiles escolares hasta los accesorios de las fiestas.
Para contrarrestarlo pareciera solo haber cabida en un golpe cultural con lo más autóctono de la nación: los juguetes tradicionales, los personajes animados cubanos, los cuentos y las historias propias. Pero, cómo y dónde encontrar estas ofertas.

Juguetes tradicionales cubanos

La mayor ganancia de los juguetes tradicionales está en que reflejan testimonios del vivir y del hacer de la cultura popular. Su elaboración puede ser industrial y artesanal, a través de diversos materiales como el plástico, la madera, la tela o los desechos sólidos.
Generalmente sobresalen en los momentos de las crisis económicas, cuando escasean las opciones industriales importadas. Ahí afloran los trompos, los tiraflechas, las carriolas, las chivichanas… y también se copian, con métodos y elementos rústicos, los modelos de juguetes extranjeros.
El período especial fue uno de los detonantes de ese despliegue creativo del patio. Por esos años en que todo escaseaba, surgieron proyectos culturales y emprendimientos locales dedicados a salvaguardar algunas de las técnicas de muñequería tradicional y otras asociadas a la elaboración artesanal de objetos con fines lúdicos.
Sin embargo, algunas de estas propuestas encontraron salida en la venta al turismo, por lo cual se perfeccionaron a la vez que impusieron un precio igualmente alarmante para el bolsillo de las personales nacionales.
Otras industrias por cuenta propia emergen desde entonces y mantienen una existencia sostenida en el tiempo. Sus productos se encuentran en los parques, zoológicos y algunas ferias como la de La Cuevita, en San Miguel del Padrón.
Esta producción posee a su favor diversidad en los modelos y los precios, mejor presencia de patrones asociados a nuestras tradiciones, mayor durabilidad y un abastecimiento superior al de las tiendas en divisas.
Pero, aunque los caballitos, los camiones y otros artículos de plástico de estas redes de comercio están entre los preferidos de chicos y chicas, los registros nacionales del Centro de Higiene y Epidemiología mantienen una alerta sobre ellos, pues se desconoce la procedencia y el nivel de toxicidad de estos materiales.
Y aquí se nos presenta un gran dilema. Mientras el Ministerio de Comercio Interior establece que en la importación de los juguetes hay que velar porque sean productos que no estimulen la violencia ni las diferencias raciales, que no incentiven el amor al dinero o representen la sociedad de consumo, tenemos una fabricación (estatal) de juguetes casi nula y no apoyamos a los sectores emergentes que intentan llenar estos vacíos.
Por otra parte, existen otras iniciativas particulares que venden juguetes y artículos de decoración para cuartos infantiles sobre la base de técnicas artesanales y con acabados impecables, pero que igualmente solo están disponibles para el bolsillo de algunas personas.
La clave radica, según Raymalú Morales Mejías, especialista del tema en el Centro de Investigaciones Culturales Juan Marinello, en prestar real atención a los productos importados, que cubran todas las necesidades y todas las edades (empezando por la tercera infancia, que es la que más adolece en este sentido la ausencia de juguetes); así como en eliminar la visión reduccionista con respecto a estos productos, velar por la oferta equitativa y estable en las tiendas y reorganizar las posibilidades de la industria por cuenta propia.

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