Lunes, 26 Septiembre 2016 17:31

El diseño abandona estereotipos

Por  Susana Gomes Bugallo

En algunos pasajes de la Semana de la Moda de La Habana se trocaron los roles típicos de hombre y mujer. Todo por la creatividad de quienes sueñan los diseños. Sería bueno creer que también por los nuevos aires de igualdad de ciertos ámbitos contemporáneos.

Nada de azules para hombres y rosados para mujeres. Adiós a las pamelas para las muchachas y sombreros para los muchachos. Esta vez no fueron sayas para ellas y pantalones para ellos. En la Semana de la Moda de La Habana, con el tema Artesanía e Identidad, muchos de los estereotipos del vestuario, marcados por el género, quedaron al olvido.
No es de extrañar que existan personas en el mundo de la creación que se burlen de los cánones de siempre. La historia tradicional va quedando atrás en algunos de los ambientes que habitamos y el mundo vuelve a llenarse de otros probables estilos, sin costuras estrechas ni dobladillos mentales. Más en el caso de una buena parte de los jóvenes cubanos, tan prestos a incursionar en cuanto de novedoso se les presente.
Tal vez por esa idiosincrasia de aventureros, durante los cinco días de esta edición para ponerse al tanto de cuanto se mueve en el mundo del diseño del vestuario cubano, las pasarelas vieron desfilar a muchachos orondos con sus pareos sobre las trusas y hasta pamelas rosadas en combinación con sus trajes de baño. ¿Quién se resiste a tal desafío? El cuello y la corbata ya son cosa del ayer para quienes entienden que estas piezas tradicionales no se requieren para reforzar la masculinidad. También porque ese concepto arcaico de masculinidad quedó un poco al olvido para enaltecerlo con otras ideas complementarias más vitales y enriquecedoras.

Habrá quien crea que desde las modas textiles no se conquista mucho, pero sería una muestra enorme de ingenuidad ignorar que los atuendos constituyen una inmensa expresión de la identidad, quizás más reforzada y resistente al cambio que otras, pues sigue rigiendo mucho de la personalidad en el modo en que se lleva la falda o el estilo al que se acomoda la camisa, cuando en realidad esos no deberían ser si no mínimos complementos del carácter o el estilo de vida y no la expresión máxima del ser humano que se es. Pero así lo defienden muchas personas que juzgan y tratan por el modo en el que se anda vestido. Esa debería ser prueba importante de lo trascendental que es el vestuario para decir de alguien y de la sociedad misma.
Atreverse a desafiar lo convencional desde los diseños que se llevan puede arrastrar a más personas de lo que alguien imagina. Porque todavía hoy la moda puede decir y convencer bastante en este mundo de urgencias en el que documentales, seminarios, talleres, libros y promociones audiovisuales logran casi todo, menos meterse en nuestro camino como lo puede hacer una pieza de ropa o un accesorio a la moda, que siempre generará comentarios y observaciones.
Claro está que las recientes conquistas de un octubre pegado a la innovación de las pasarelas cubanas solo son un halo de luz que se pretende señalar dentro de la realidad tan desesperanzadora en ocasiones. Dentro del desaliento, por ejemplo, está la historia de una amiga que no pudo comprarle a su bebé de tres meses una camisita rosada porque el papá de la criatura se opuso a verle vestido de ese color "tan femenino". Y qué decir de quienes ni siquiera dan su brazo a torcer ante el color amarillo "porque sigue siendo demasiado débil". De todo tenemos. Y, por desgracia, de eso que anda torcido y limitado ya cargamos bastante.
Pero bien vale celebrar cuanto de avance vislumbramos en estas pasarelas que defendieron a brazo partido la igualdad entre géneros. Faltarían osadías como las de poner en vestidos más provocadores a los hombres. Sin embargo, exhibirlos con vuelos, pamelas, mochilas de las que se antojan femeninas y aquellos colores "tiernos" más reservados a ellas, ya son un buen paso y una interesante historia que contar.
Igualmente vale reflexionar sobre cómo en ocasiones los hombres son más prisioneros de los clichés que las mujeres. Porque hace décadas que ellas decidieron hacer suyos los pantalones, las camisas, las botas, las corbatas y cualquier rasgo de incuestionable masculinidad. ¿Qué esperan ellos para liberarse de sí mismos y del rol constreñido al que la vida los somete? Hará falta la intención de la industria y el empuje de semanas como la de marras.
Al menos un primer paso sería que nadie se atreva a cuestionar a quienes entregan su estilo a la inspiración del talento o a lo que la vida le ponga en su camino, sin andar frenando por convenciones o paradigmas errados. El diseño va abandonando estereotipos. Hay que seguirle el ritmo.

Visto 167 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.