Buenas prácticas (22)

Mariaelena Francia Reyes asume que ser positiva ante la vida es la fórmula idónea para emprender un proyecto. No encuentra mejor razón, tal vez porque conoce bien los senderos y laberintos de la mente humana.
Con una bata blanca y detrás del buró estuvo hasta hace poco recibiendo pacientes y manoseando historias clínicas; ejerciendo la profesión que comenzó desde niña entre muñecas y juguetes con los que practicaba la labor de médica.
Su pasión la inició en la pediatría para luego elegir psiquiatría infantil, especialidad que concluyó en el año 1989 luego de una misión al surafricano país de Etiopía. Por más de tres décadas no hubo oficio que supiera mejor que el de indagar en los trastornos de la psiquis y brindar ayuda a niños y padres que asistieron a sus consultas. Sin resistirse a abandonar su carrera se contrató nuevamente luego de la jubilación aunque sus ansias tendrían las horas contadas.

Desde proyectos socioculturales y emprendimientos económicos con impacto local, cubanas de generaciones diversas impulsan espacios e iniciativas de transformación social.
Para la educadora popular Carla López, no es casual que las mujeres protagonicen el trabajo comunitario y que la equidad social sea una constante en experiencias socioculturales y productivas.
"Ellas han desarrollado históricamente el trabajo comunitario y saben aprovechar la fuerza organizativa acumulada en todos esos años", declaró López a SEMlac, durante la Feria de gestión popular y solidaria de la vida, realizada en La Habana el pasado 12 de enero.

La feria formó parte del 12 Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios "Berta Cáceres Vive", celebrado en la capital cubana del 10 al 13 de enero, coordinado por el Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (Galfisa), del Instituto de Filosofía, y el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. (CMMLK).
Activistas, representantes de organizaciones e intelectuales de América Latina y el Caribe analizaron los nuevos escenarios de dominación en los territorios y los retos de la emancipación desde los movimientos populares. En la Feria se presentaron más de 20 experiencias de la capital del país y las provincias Mayabeque y Las Tunas.

Lunes, 26 Septiembre 2016 17:31

El diseño abandona estereotipos

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En algunos pasajes de la Semana de la Moda de La Habana se trocaron los roles típicos de hombre y mujer. Todo por la creatividad de quienes sueñan los diseños. Sería bueno creer que también por los nuevos aires de igualdad de ciertos ámbitos contemporáneos.

Nada de azules para hombres y rosados para mujeres. Adiós a las pamelas para las muchachas y sombreros para los muchachos. Esta vez no fueron sayas para ellas y pantalones para ellos. En la Semana de la Moda de La Habana, con el tema Artesanía e Identidad, muchos de los estereotipos del vestuario, marcados por el género, quedaron al olvido.
No es de extrañar que existan personas en el mundo de la creación que se burlen de los cánones de siempre. La historia tradicional va quedando atrás en algunos de los ambientes que habitamos y el mundo vuelve a llenarse de otros probables estilos, sin costuras estrechas ni dobladillos mentales. Más en el caso de una buena parte de los jóvenes cubanos, tan prestos a incursionar en cuanto de novedoso se les presente.
Tal vez por esa idiosincrasia de aventureros, durante los cinco días de esta edición para ponerse al tanto de cuanto se mueve en el mundo del diseño del vestuario cubano, las pasarelas vieron desfilar a muchachos orondos con sus pareos sobre las trusas y hasta pamelas rosadas en combinación con sus trajes de baño. ¿Quién se resiste a tal desafío? El cuello y la corbata ya son cosa del ayer para quienes entienden que estas piezas tradicionales no se requieren para reforzar la masculinidad. También porque ese concepto arcaico de masculinidad quedó un poco al olvido para enaltecerlo con otras ideas complementarias más vitales y enriquecedoras.

Dejar de ser trabajadora por cuenta propia para crear una cooperativa significó Daysi Delgado Batista una mejora económica y un cambio de mentalidad, que benefició también a su familia. Los retos de esta pequeña empresa radicada en La Habana pueden ser comunes a los de otras de su tipo aprobadas hasta la fecha por el gobierno cubano.
DAJO es una cooperativa no agropecuaria con sede en el municipio capitalino Habana Vieja. Desde finales de 2014 ofrece servicios de lavandería, confecciones y alquiler de vestuario. Hoy sus 11 integrantes, nueve mujeres y dos hombres, impulsan esta cooperativa que preside Delgado Batista.
"Ayudando a mi esposo en su trabajo en la transcripción de algunos documentos, fui conociendo cómo era la ley, cuáles eran los requerimientos y pasos para la conformación de cooperativas hasta comprenderlo bien", recuerda Delgado Batista.
Con alguna experiencia como trabajadora por cuenta propia, ella vio la posibilidad de reunir a "las mujeres de la familia" que también realizaban oficios afines a la lavandería.

Dos jóvenes madres llevan adelante una peculiar tienda de regalos

Gretel de la Rosa y Ailette Hernández lo entendieron por propia experiencia materna: es difícil encontrar juguetes en Cuba que reúnan todas las características indispensables: bueno, bonito y barato.
Ser madre de dos pequeños, entre los dos y seis años, significó para cada una la titánica tarea de encontrar divertimentos atractivos y manuables. Pero la respuesta no siempre fue satisfactoria.
Juguetes importados, poco originales, de baja calidad y extremadamente caros les hicieron no solo replantearse una encomienda familiar sino pensar en un interesante negocio.
Así surgió Tin Marín, una peculiar tienda de regalos para niños y jóvenes, que desde noviembre de 2014 llena de variados productos y colores un acogedor local en la calle 48, entre 9 y 11, en el capitalino municipio de Playa.

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