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Viernes, 28 Abril 2017 06:18

Por si trata la trata

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La reciente visita a Cuba de la Relatora Especial sobre la trata de personas, especialmente mujeres y niños, Maria Grazia Giammarinaro, trajo consigo reflexiones sobre este fenómeno en el ambiente laboral

 Los escasos procesos penales que Cuba desarrolla cada año por trata de personas (pocas veces han sumado más de 10, según los informes gubernamentales) se dan únicamente en el ámbito sexual. Ya sea en el seno de la familia (por abuso de menores a cuenta de sus madres o padres), o motivados generalmente por proxenetas que obligan violentamente a las prostitutas a tener relaciones bajo las condiciones que ellos deciden; lo cierto es que la efectividad del país para detectarlos está altamente comprobada.
La reciente visita a Cuba de Maria Grazia Giammarinaro, Relatora Especial sobre la trata de personas, especialmente mujeres y niños, pudo constatar el plan nacional para luchar contra este fenómeno y evaluó de efectivas las estrategias de la nación para hacer frente a la trata y proteger e incorporar a sus víctimas a la sociedad sin que medie algún tipo de complejo de inferioridad o incapacidad para convertirse en un ser realizado y feliz.
Sin embargo, aunque aún no se han dado casos de trata de personas en nuestro país que vayan más allá del ámbito sexual, el nuevo contexto social y económico de la isla revela que hay que prestar más atención a las situaciones que se están dando en el ámbito laboral (de cubanos en el exterior) y para las que aún no existen todas las alertas ni mecanismos de enfrentamiento.

Investigaciones científicas revelan que las trabajadoras cubanas en el sector cooperativo sufren las consecuencias de la división sexual del trabajo y de los estereotipos machistas.
“El sector cooperativo es un sector de oportunidad, tanto personal como social. Sin embargo, en las cooperativas no agropecuarias hay un predominio de adultos medios, blancos, de escolaridad preuniversitaria y hombres”, concluye Claudia María Caballero Reyes.
Caballero Reyes expuso resultados de su investigación sobre redes sociales en cinco cooperativas del occidente del país, al intervenir en la comisión Género y Trabajo en contextos urbanos y rurales del X Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI, celebrado en La Habana del 6 al 9 de marzo.
En consonancia con los datos públicos de la Oficina Nacional de Estadísticas (Onei), la psicóloga pudo encontrar una subrepresentación de personas de escolaridad secundaria, adultos mayores, personas negras y mujeres.
Al indagar sobre las redes sociales en el ámbito laboral, familiar y de tiempo libre constató que la ausencia de las mujeres tiene que ver con estrategias y redes de apoyo distintas para uno y otro género.

Circuito Líquido es un espacio de gestión cultural. Lo es desde la concepción de sus creadoras, desde sus objetivos y con cada acción que promueve. Su principal propósito es generar oportunidades educativas para aquellas personas interesadas en crear, con énfasis en la comunidad universitaria y la artística. Para materializarlo realizan pasantías de gestión cultural, webinars, cursos online, coachings, talleres, seminarios enfocados en los campos de la gestión cultural, las artes visuales, el audiovisual y la mediación artística.
La equidad de género resulta un tema que atraviesa todos los contenidos promovidos por Circuito Líquido, de ahí que muchas de las acciones que convocan posean un fuerte sustento en este sentido, como el reciente concurso de Fotografía Feminista, en el cual el premio quedó desierto; pero obtuvo una mención la obra Selfsupporting, de Wanda Canals.

Conversar con Mariela Brito es adentrarse en el universo de muchos personajes que representan la cubanidad y las esencias de esta isla. No señala ninguno en particular porque se siente parte de todos o porque también ellos la poseen en una especie de diálogo que solo la actriz puede descifrar. Eslabón inseparable del grupo teatral El ciervo encantado, que dirige Nelda Castillo, llegó a la actuación por accidente. Fue la especialidad de teatrología el camino más cercano para alcanzar ese anhelo, pues en su natal Matanzas la convocatoria de actuación no abrió en 1986.
Seis años después, su carrera se uniría al talento de Nelda para incursionar como observadora en los talleres que la maestra impartía en el Instituto Superior de Arte; un período que en 1996 la hizo fundadora de la compañía y la guió hasta la actualidad para hacer del teatro el hogar en el que crece esa profesión que le apasiona.
Apostando por una estética que defiende el performance dentro de las artes escénicas, Mariela ha sido protagonista de un sinnúmero de historias que intentan problematizar sobre la Cuba de estos tiempos. Poner el centro de atención en los procesos sociales que emergen, como parte de la aplicación de nuevas reformas económicas, es la línea que defiende desde hace algunos años.

Valdría la pena invertir más dinero en campañas efectivas que hagan conciencia sobre las faltas de la sociedad en materia de equidad y respeto de género y sexualidad. La serie Rompiendo el silencio fue un buen ejemplo del alcance y la intencionalidad que deben guiar estas acciones.

Cuando por estos días la serie televisiva Rompiendo el silencio provocaba el debate público y en los hogares sobre sus polémicos capítulos, muchas personas confirmábamos la certeza de la falta de conciencia que aún existe en Cuba respecto a los problemas que tenemos en cuestiones de género y sexualidad.
¿Existen en nuestro país discriminaciones y violencia por incomprensiones en torno a estos derechos humanos? Pues no pareciera secreto que así es. Pero un programa de alcance nacional como la aludida serie (producto del ingenio de personas emprendedoras) fue suficiente para demostrar que aún falta su reconocimiento por gran parte de la sociedad y, peor aún, que estos sectores conservadores se escandalizan cuando se habla al respecto a camisa quitada y sin tapujos.