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Poner fin a los estereotipos que deben desterrar las emprendedoras cubanas es uno de los mensajes clave de Mujeres los poderes vitales del éxito, obra de las realizadoras Ingrid León y Lizette Vila, presentada el pasado 13 de junio en el espacio mensual Moviendo Caracoles, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).
La obra insiste en demostrar que el proyecto de país en Cuba requiere tanto de estas mujeres como de cualquier profesional ubicada en el sector estatal.
Cuando nos empoderamos, todo cambia, dicen las dueñas de sus negocios y jefas de sí mismas entrevistadas para el audiovisual, quienes se han construido una empresa en la sala de su casa, mientras sustentan a la familia y siguen encargándose de las labores domésticas del hogar.
No se trata solo de soñar, sino de realizar los sueños, incitan desde las experiencias propias contadas desde la pantalla de un documental que, más que dar a conocer la realidad de estas luchadoras, invita a pensar junto a ellas en qué reside la clave de su conquista.

Viernes, 30 Junio 2017 00:59

Una mujer habla desde tu piel

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Bien cerca del mar, en medio del ambiente bucólico del barrio habanero de Santa Fe, unos trozos de madera que antaño fueron alguna lancha y ahora yacen abandonados, hacen pensar que se anda por un lugar al que nunca ha llegado nadie. ¿Quién diría que una joven mujer ha puesto este alejado espacio en medio del mapa sentimental de muchas personas de La Habana y el país? Esa es Anita. Y hace tatuajes.
¿Cómo una muchacha que aún parece universitaria se cuela en el gusto de hombrones rudos que vienen a parar a sus manos, para que ella cree en libertad lo que sea que se le ocurra estamparles en la piel para siempre? Con talento, diríamos. Pero también con el secreto de un carácter a prueba de todo y de todos que ha sabido abrirse paso entre las negativas de la vida para armarse un mundo propio y atraer a quien sea hacia él. Con los tatuajes es así: lo tomas o lo dejas. Después de todo, no es secreto que aquí no existen gomas de borrar para las decisiones erróneas.
Ana Lyem se graduó de Arquitectura. Y pronto descubrió que entre sus estudios y la profesión mediaba un espacio insalvable. No obstante, continuó por su camino. Se fue a trabajar a la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) como inversionista y uno de esos buenos días en los que el deseo puede más que la rutina decidió que le interesaría dedicarse al mundo de los tatuajes. Por suerte tenía a Alberto, su novio de hace años. Aunque tal vez ella sola se hubiese resuelto cualquier interés. Pero su amor conversó con Yanko, un tatuador ya consagrado, quien aceptó iniciarla en este mundo.

Viernes, 30 Junio 2017 00:59

Una mujer de armas tomar

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Varias fueron las sacudidas que la vida le dio a Mayra Fernández. Todas juntas. Como un ciclón azotándole el cuerpo y el alma. Estuvo a punto de perder la razón, cuenta con pesadumbre cuando recuerda los "malos momentos". La depresión, la tristeza, la desunión familiar casi logran arrancarle las ganas, aunque a la luz de hoy sea una mujer diferente.
Hoy Mayra irradia seguridad. Lo agradece al Centro de Reflexión y Diálogo de Cárdenas (CCRD) y a su propia fe.
La muerte de su madre fue el detonante de la crisis emocional, familiar, económica… que sucumbió a Mayra en el peor de los sufrimientos. Entonces, por alguien, llegó al Centro.
"Fue como ver la luz al final del túnel. Encontrar el Centro, a las personas que trabajan en él, fue lo mejor que me pudo pasar, sobre todo en medio de la tormenta que era mi vida.
"Me ayudó a comprenderme mejor con mi pareja y el resto de la familia. De ese proceso de apoyo y conocimiento mutuo nació, para suerte de todos, la idea de emprender un negocio. Y a partir de ahí todo, lo profesional, lo personal, la convivencia, comenzaron mostrar una mejor cara.
"Aunque yo era educadora de círculo en los inicios de mi vida laboral, el Centro me incentivó a probar suerte en mi nuevo oficio. También me aportó mucho material de superación y casi todos los libros de los que me he nutrido para mi actual trabajo".

Miércoles, 24 Mayo 2017 19:51

Eternizando cada momento

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Bárbara Marilyn Abreu es una mujer de Jagüey Grande asociada al Proyecto de Mujeres Fotógrafas. Gracias a los conocimientos adquiridos en los talleres de fotografía provistos por OAR, se prepara para lanzar su negocio y alcanzar la independencia económica.

Bárbara Marilyn Abreu Torres tiene 44 años, una hija de 14 y muchos sueños por cumplir.
El arte es algo presente en su vida desde muy joven. Durante 10 años trabajó en la Casa de Cultura de su territorio y luego pasó a laborar en la librería municipal. Por eso enseguida se vinculó con la galería de arte y, más tarde, con los proyectos que esta promueve.
Bárbara mira con nobleza. Es una mujer recogida, esquiva. Sin embargo, ni su personalidad tímida, ni sus manos notablemente dañadas por la artrosis impiden que cargue con una cámara de fotos profesional, la sostenga fuerte y con ella participe en todas las actividades de la comunidad, en aras de documentar la memoria gráfica.
Su faceta como fotógrafa ha significado un despertar en la vida de esta mujer de Jagüey Grande; y todo gracias a una iniciativa que propuso en los albores del evento anual Mujeres, que desarrolla la galería de la zona, con acompañamiento del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).

Miércoles, 24 Mayo 2017 19:50

Cultivar su propia vida

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En Santiago de Cuba vive una mujer que ha hecho que otras a su alrededor emprendan el camino que a ella la hizo "ser persona".

Ni siquiera imagina cómo llegó a ocurrir. Ella era tan tímida, tan callada, tan ausente. Muchas veces se le atragantaban las ideas entre el alma y la voz sin que el coraje le alcanzara para hablar. Pero no hay mal que dure 100 años… ni mujer que no lo venza.
Cuando salió embarazada, a los 16 años, cambió su vida. No pudo continuar la carrera universitaria que pretendía porque el padre de la criatura la abandonó cuando la niña estaba acabada de nacer. Eran los primeros años de la pasada década de los noventa y, unida a la crisis del Período Especial, la pequeña había desarrollado un asma que le hacía algo débil de salud. Se diría que ya resultaban demasiados contratiempos para una madre soltera.
Pero Mercedes Morris Amaya, cuando no estaba en los hospitales, limpiaba en centros laborales o lavaba para algunas casas… "todo lo que apareciera. Pero mi sueño no podía realizarlo porque había truncado mi carrera y se me cerraban todas las puertas", recuerda. Soñaba con una profesión pedagógica, quizá como divina predicción de todo lo que vendría luego en su vida. Español y Literatura había sido su elección. Pero el destino le deparaba otra.
"Pasaron muchos años en los que mi vida carecía de sentido. Me sentía frustrada porque tenía necesidad de realizarme profesionalmente. Mi mamá era maestra y siempre tuvo la ilusión de que alguno de sus hijos hiciera una carrera universitaria. La única que lo logró fui yo", apunta orgullosa, aunque aclara que fue el resultado de mucho esfuerzo.