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Las mujeres cubanas dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas en el hogar, donde se mantiene la división sexual del trabajo, reconoce la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG) 2016.

Ellas dedican más horas a planificar, cocinar y servir la comida, además de fregar; son quienes se encargan de la limpieza e higiene del hogar dedicándole 7,13 cada semana, a diferencia de sus pares varones que consumen solo como promedio 3,71 horas semanales en esas labores.
La ENIG 2016 fue levantada por el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI) con una muestra representativa de la población cubana de 15 a 74 años. El estudio explora temas como la violencia de género, la participación social y el uso del tiempo.

El sexismo en el lenguaje es uno de los temas en constante discusión en cuanto a la discriminación de género. Lo dobletes genéricos, la masculinización de las profesiones muchas veces dictan salidas que, o bien molestan a los entendidos en la lengua española, o dictan un discurso que excluye a las mujeres.
La idea, según Wanda Canals, licenciada en Filología, profesora de la universidad de las artes (ISA) con una tesis de maestría de desarrollo cultural (2005-2006) enfocada en el género, no siempre debe enfocarse en la parte estilística del idioma, sino en su uso gramatical.
Mujeres Emprendedoras conversa con Canals sobre la postura de los especialistas cubanos en cuanto al sexismo en el lenguaje en el contexto actual..

El aumento de la conectividad en la isla ha desembocado en el surgimiento de los negocios online. ¿Ellas están emprendiendo en ese mundo?

Los datos que tenemos hasta ahora de la presencia femenina en el cuentapropismo de Cuba no nos alientan mucho. Ellas están casi en la misma medida que los jóvenes, sin sobrepasar el treinta y tanto por ciento. Es bastante, animan los medios de comunicación y algunas voces del triunfalismo. Pero, si tenemos en cuenta que el otro sesenta y tanto no se divide entre extraterrestres, animales y seres de otro mundo, sino que se trata de hombres, es evidente que el rol femenino es bastante pasivo en lo que a emprendimiento se refiere.
Si a eso le sumamos que ellas no lideran muchos negocios, sino que están como parte de esa gran masa obrera contratada o, en el peor de los casos, aparecen como titulares de una licencia para ocultar a aquellos que tienen varias o con el propósito de evitar rentar algún espacio o declarar más cantidad de ganancias… el contexto de las mujeres en el trabajo por cuenta propia en Cuba no está para hacer una fiesta.
Atiéndase además el estereotipo reinante que las une exclusivamente -salvo honrosas excepciones- a labores asociadas al hogar: reposterías, atelieres, estilismo, elaboración de alimentos o cualquier asunto considerado menor por el mercado. Confirmado: la realidad no es esperanzadora.

Hagamos un ejercicio simple de memoria: ¿a cuántos maestros recordamos durante nuestra formación? Seguramente serán muy pocos, y aquel que hayamos tenido lo más probable es que pertenezca al período universitario o, en menor medida, al preuniversitario.
No es por gusto que el Anuario Estadístico de Cuba, de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), en su versión correspondiente al año 2016, dedica un apartado al rol de la mujer en la educación. Queda claro en la comparación de los últimos seis años que, mientras que el personal docente frente a las aulas estuvo alrededor de los 250 mil profesionales, alrededor de 160 mil de esta cantidad eran mujeres.
En igual proporción se manifestaba la diferencia en la enseñanza primaria, cuando el total rondaba los 80 mil profesores, y alrededor de 60 mil eran maestras. Como sugieren nuestras propias historias de vida, a medida que aumenta la enseñanza, crece la cantidad de hombres frente al aula. Por eso es que en la Secundaria Básica esa diferencia se reduce y ya son menos las maestras y más los profesores, aunque ellas siguen dominando las estadísticas.
Cuando llegamos a la universidad (¡vaya paradoja!) disminuyen considerablemente las profesionales que se enfrentan a esta responsabilidad. Como se ha evidenciado en otras ocasiones, esto se debe a que ellas se ven obligadas por las condiciones sociales a postergar más su realización profesional debido a razones del hogar y la familia. Por lo que un grado tal de especialización como el que requiere la enseñanza de las universidades está más cercano de las posibilidades de preparación de los hombres.

El peligro de reproducir y recibir estereotipos sexistas está en todas partes. Pero hay espacios donde los sujetos son más vulnerables a estos constructos culturales. Se trata del contexto educativo y el hogareño. Y teniendo en cuenta esta mixtura, existen además edades donde las personas somos más sensibles a captar los prejuicios que, "sin querer", nos enseñan. Son las edades tempranas.
Las personas hasta los 6 años de edad aprenden básicamente por imitación de los adultos, y repetición de saberes inculcados. Por eso los familiares y cuidadores poseen un 99% de responsabilidad en lo que muestran chicos y chicas preescolares.
En estos momentos la alerta no solo da voces desde el punto reconocido de la educación estatal; sino que las nuevas alternativas de cuidado particular desatan otras preocupaciones.
Es cierto, siempre podemos sucumbir a la interpretación de lo masculino y lo femenino que tienen las educadoras de los círculos y jardines del estado. Estas figuras bien pueden estar sujetas a las asignaciones que la cultura, en su posición hegemónica, ha pautado.